¡Porque la música nos hace invencibles!


Pasión. Con este término podría describirse lo que yo sentía por un grupo catalán que a finales de 2005 se disolvía tras siete discos e infinidad de conciertos.

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A comienzos de ese mismo año tomaba esta foto. Fue la primera y última vez que vi en directo a Elefantes; lo había esperado con impaciencia y canté sus temas con ganas, con la fuerza que dan los poco más de 18 años que gastaba entonces y el que fuese una de mis bandas favoritas. Clásicos como Azul, Piedad o Me falta el aliento sonaron aquel 10 de marzo en los aledaños del Auditorio Maestro Padilla, en Almería. Sin embargo, el fin estaba próximo; Elefantes desaparecía y comenzaba la historia de Shuarma, lejos ya del resto de paquidermos.

Lo que no esperábamos muchos es que el soñado regreso se produjera ocho años después. Han vuelto a la carga con El rinoceronte, publicado el 18 de marzo de este mismo año y con el single Escuchar al viento como carta de presentación:

Me asaltaban las dudas: ¿habría vuelto realmente ese grupo que tantas alegrías me había dado o me encontraría sólo con un sucedáneo vagamente similar? La incertidumbre se disipaba al recorrer los once temas que componen el trabajo resultante del reencuentro. El rinoceronte es un gran disco que sabe reunir bien las dos caras de su música, ambas contrarias pero imprescindibles, ambas señas de identidad: la luz y la oscuridad, los ritmos frescos y vivos frente a las sombras de melodías más profundas y densas. Que yo no lo sabía contra Hoy no me grites. Podríamos ubicar Escuchar al viento en el segundo grupo, junto a En cajas; ésta última es el ejemplo más claro de que, a juzgar por la fidelidad de su sonido, no han transcurrido nueve años entre Somos nubes blancas y el disco en cuestión. Equilibrios, segundo single, llega con facilidad, y temas como 10000 formas o Descargas eléctricas si situarían sin lugar a dudas en la posición más propensa a la luz.

Pero he venido a hablar, más concretamente, del antepenúltimo corte del disco, que lleva por titulo Ya no hay nada más que hacer. ¿El por qué? Porque no hay quien me la quite de la cabeza y he pasado todo el día cantándola. Porque es una canción clásica, con una letra exquisita bañada por la nostalgia que deja el desamor; es fruto de ese momento en que uno sabe que ha de retirarse y dar por perdida la batalla. Porque son ellos, son Elefantes: ésta es para mí la prueba, y hoy se convierte en mi canción antes de dormir.

Y no voy a olvidar
lo bonito que fue,
si cierro los ojos mil imágenes se agolpan en mi mente
dando vida a aquel amor que has hecho desaparecer.

Y no voy a llorar,
o eso intentaré
cuando sienta ese dolor desgarrándome el pecho,
torturándome y haciéndome entender
que ya no hay nada más que hacer.

El próximo 25 de julio les veremos en el pueblo de Cabo de Gata, en compañía de sus paisanos Cyan. Ya cuento los días. Es todo un privilegio poder revivir un momento que durante tantos años pareció inalcanzable. Siguen vivos, y confiemos en que lo estén por tanto tiempo como tiempo hemos pasado esperando su vuelta.

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