¡Porque la música nos hace invencibles!


Un poco tardío, pero aquí os traigo un pequeño de resumen, publicado en La Voz de Almería el día 6 de enero, de cuáles fueron mis sensaciones en el último concierto al que asistí en 2014, el de los baezanos Supersubmarina. No os dejéis engañar por el título… que hay mucho donde rascar. Nota para fans: yo, en el fondo, le tengo cariño…


“Con el viento siempre de cara”

Vengo a decir mi verdad y nada más que mi verdad: no me llevo muy bien con Supersubmarina. Y me explico. La cosa está en que son poco más que unos críos cuando se dan a conocer al gran público con Electroviral y temas como LN Granada y Ola de calor nos llegan a muchos con una facilidad pasmosa. Aquello gustaba. En poco tiempo se convierten en uno de los grupos más conocidos de la –llamémosle así- escena indie del país, arrasando allá por donde pasan; el público más joven enloquece con sus canciones en la infinidad de conciertos que han dado hasta la fecha los miembros de esta joven banda. Tras Electroviral, llega el EP Realimentación, su segundo trabajo Santacruz y el tercero y último, Viento de cara, que les ha traído de regreso a Almería. Pero a lo que íbamos: que yo me enamoré de Electroviral, y el encantamiento se me fue pasando a medida que los álbumes iban llegando y yo me hacía directos de Chino y compañía. Aparte de tener la sensación de que musicalmente les queda bastante por mejorar, percibí una pérdida importante de la fuerza y la frescura que les caracterizaba como banda, y mi desilusión por los baezanos alcanzó tales cotas que dejé de asistir a sus conciertos. Cuando el año pasado anunciaban fecha para el 17 de enero en el Maestro Padilla, mi posición era clara: yo no voy.

Pero será la época navideña, que nos ablanda… y casi un año después, el 27 de diciembre, di mi brazo a torcer y me planté de nuevo ante ellos. Viento de cara, publicado el pasado mes de septiembre, se paseó en su totalidad ante un recinto abarrotado, y en el segundo tema de la noche, De doce a doce y cuarto, los asistentes abandonaron sus butacas para no volver a utilizarlas. Por el auditorio almeriense desfilaron, junto a los temas del último disco, otros bien conocidos como Hasta que sangren, Hermética y esa joya que lleva por título De las dudas infinitas, que sonó más pausada que nunca. Como el resto de la actuación, de hecho. El sonido fue mucho más limpio que en ocasiones anteriores, menos estridente, pero no bastó: Chino, Pope, Jaime, Juanca y Javi se limitaron a dar un concierto correcto, tibio, y en el que sólo a ratos pudimos disfrutar de ciertos destellos de emoción –Niebla, sin ir más lejos, sigue estremeciendo con independencia del tempo usado-. De todos modos, y como decía al principio, lo que aquí se cuenta no es más que mi verdad: para muchos de los que se dejaron allí la voz, y que no son pocos, los jienenses siguen –y probablemente seguirán- con el viento de cara.

Supersubmarina

Y un par de vídeos para ilustrar la noche:

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