¡Porque la música nos hace invencibles!


thumbnail_IMG_20200405_171036

El COVID-19, Coronavirus para los amigos, ha puesto en jaque nuestras vidas. Nunca pensé que ir a la compra sería considerada una actividad de riesgo. Que llevaría guantes, que se acabarían las sonrisas y que incluso nos miraríamos con recelo entre los pasillos del supermercado. Menos aún pensé que viviría una pandemia en Granada -¡había mucho por ver ahí afuera!-. Que me aprendería cada uno de los rincones de un apartamento de cincuenta metros cuadrados al que ni siquiera me había dado tiempo a acostumbrarme. Me ha venido mucho a la mente aquel verso de QuiqueNo hagas planes, puede que mañana todo estalle. Pero cómo no iba a pillarnos con el pie cambiado algo que no podríamos haber imaginado ni en la peor de nuestras pesadillas.

Llevo más de tres semanas entre las cuatro paredes del salón en el que escribo y mentiría si digo que en algún momento me he dejado vencer por el desánimo. Me he mantenido sorprendentemente tranquila, sobrellevando la situación con un estoicismo que no creía en mí; tal vez simplemente estoy hecha al desastre y, a estas alturas, nada me parece el fin del mundo ni aunque lo tenga delante. Sea como sea, no será el fin del mundo. Estos meses se convertirán en un mal recuerdo, pero la vida seguirá siendo tal como la conocemos. No creo que dejemos de ser quienes somos: ni para bien, ni para mal.

thumbnail_IMG_20200324_1707082

La portada de Me mata si me necesitas, de Quique González, preside el salón.

Los primeros días me limitaba a dar vueltas por la casa con una cierta sensación de irrealidad. Como todos, imagino. Sin embargo, soy una persona con poca (o nula) capacidad para el aburrimiento, por lo que pronto encontré formas de matar el tiempo, que diría Lapido. Si no me falla la memoria, pasé días sin escuchar música. Quizás fuese una extraña táctica del subconsciente para no relacionar una de mis mayores pasiones con esta época marcada por la incertidumbre y el desconcierto. Sin embargo, la cabra tira al monte, y pronto pasé a escuchar todas las canciones. Y tengo la sensación de que, en las épocas complicadas, tendemos a tirar de los clásicos, de los discos que podemos escribir de memoria, como si ellos nos atasen a la cotidianidad: como si nos ayudasen a aferrarnos a la cordura. La amalgama de sonidos en mi guarida ha sido importante. Han venido a visitarme, como tantas otras veces, Dylan, Springsteen y los Stones; ha sonado el eterno Wildflowers de Tom Petty, y los Faces han subido el ánimo al vecindario (o deberían, desde luego). He recordado el What’s the Story (Morning Glory) de Oasis, y a los geniales Travis, porque el britpop de los noventa nunca dejará de tener un hueco en mi corazón (podéis criticarme si queréis). He girado Gigaton, lo nuevo de Pearl Jam, y qué voy a decir, si no soy capaz de escuchar a Vedder sin derretirme. Dadle una oída, que os alegrará el confinamiento. El rock’n’roll ha llegado de la mano de Elvis o Johnny Cash, me he visto bailando por la casa poseída por el vozarrón de Freddy Mercury, he recordado lo maravilloso que es Astral Weeks de Van Morrison o, sin ir tan atrás en el tiempo, la belleza del Prisoner de Ryan Adams -uno de mis discos favoritos de los últimos años-.

Tampoco he dejado de lado -porque nunca lo hago- a la música en español: he escuchado mucho a El Puchero del Hortelano, porque el de Arco ha sido el último concierto que, sin saberlo entonces, presenciaría en mucho tiempo. Y por eso, y porque fue un concierto mágico, siempre lo guardaré en mi recuerdo. Torres más altas cayeron y volvieron a erigirse, reza Castillo de naipes. He escuchado mucho a Leiva, Sidecars y Vetusta Morla, y agradecido de corazón la cantidad de directos que, de forma altruista, han ofrecido incontables artistas en Instagram; por destacar algunos de mis preferidos, puedo nombrar a Mikel Erentxun (acompañado en ocasiones por la dulce voz de su hija Siena), Arco, David Ruiz (La M.O.D.A.), Coque Malla, Sidonie, Coti o las píldoras diarias con las que nos hace soñar El Kanka. Quique González anunció que él no actuaría de forma virtual. Que respeta profundamente a aquellos que lo hacen, pero que no es algo que vaya con él. Y efectivamente, por su manera de ser, no le imagino cantando delante de una pantalla. Así que no le hemos visto ni oído durante la cuarentena, pero los acordes de Las palabras vividas, que nacían ante mis ojos hace unos pocos meses en Madrid y Almería, no se olvidan tan fácilmente. Y sé que él, como cualquier otro amante de la canción de autor, ha llorado la desaparición de Luis Eduardo Aute. Hemos perdido a un genio, pero siempre podremos sumergirnos y deleitarnos en su prolífico legado.

Que las canciones, y más en tiempos difíciles, son una medicina para el alma queda patente a través de toda esa música que brota desde las ventanas. Sentimos la necesidad de cantar al ritmo de melodías que nos hacen felices, y, por encima de ello, sentimos la necesidad de compartirlas de forma que aporten luz a quienes andan cegados por nubes negras. Yo, hace unos días, hice un maratón de Pereza; da igual los años que pasen, siempre serán uno de mis grupos preferidos por todos los gratos recuerdos ligados a sus canciones, por todas aquellas historias que nunca se olvidan. Y, como si de una premonición se tratase, esa misma noche cobraba vida Mi pequeño Chernóbil, nuevo tema de Leiva con la aparición estelar de Rubén. En esta reflexión sobre las sombras del oficio de músico, el Flaco se pregunta qué vendrá después de los años muertos, haciendo volar con solo un verso las mentes de los miles de fans que ansían el reencuentro. Pienso que no, que nada más allá de la realidad; solo es el reflejo de una amistad que sigue viva, y, en este caso, considero que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. De todas formas, no necesito que vuelvan Pereza para que sigan conmigo. Y el día del atracón a su discografía, sentí una extraña seguridad en que saldremos reforzados de esta. Sentí unas ganas tremendas de abrir las ventanas, esas desde las que hemos aprendido a mirar de otra forma el mundo, y gritar a los cuatro vientos: ¡Eh! Si quieres, bailamos. Me pongo los zapatos y me llevas.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: