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La noche tranquila de Ariel Rot (Almería, 30/05/15)


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A las 23h del pasado 30 de mayo teníamos, en Madchester Club, una cita con uno de los grandes, con un maestro del rock en español: el señor Ariel Rot, que con cuarenta años de carrera a la espalda pisaba Almería en solitario, acompañándose exclusivamente de un piano y unas cuantas guitarras. No le veía en la ciudad desde 2008, cuando un reencuentro con su antigua y conocida banda, Tequila, puso en pie a todo un Auditorio Maestro Padilla; más recientemente, en septiembre de 2013, viajé hasta Murcia para disfrutar de Uno de los nuestros, gira en la que el argentino, Leiva y Loquillo aunaban fuerzas. No viví la época de Los Rodríguez, pero me encantaba el sonido de esa milonga rock y, a mis tiernos quince años, el disco en directo de Rot –En vivo mucho mejor (2001)- sonaba en casa una y otra vez. Como podréis imaginar tras toda esta historieta, ganas de reencontrarme con el músico no me faltaban.

Cerca de las doce de la noche, ante un abultado aforo, el bonaerense hacía aparición para interpretar Debajo del puente, incluida en su último trabajo, La huesuda (2013). La actuación se caracterizó por su ritmo slow, por la conversión de las canciones hacia una onda más sosegada; tras Lo siento, Frank, tema que da nombre a su cuarto álbum en solitario, el músico definiría su última andadura como “una forma de deformar y prostituir las canciones”, dicho lo cual se sucedían la genial Baile de ilusiones, que sonaba más tranquila que nunca, Felicidad Geishas en Madrid.

“Un día estaba en un garito, se me acercó un tío y me preguntó si podía ponerle música a unas letras; el tío en cuestión era Joaquín Sabina“. Con esta anécdota nacía la ranchera Viridiana, que vino a continuación. El sonido de voz y guitarra de Rot es francamente bueno, no así la actitud del público, que habla a gritos durante buena parte del espectáculo imprimiendo la nota negativa del encuentro e impidiendo disfrutar plenamente del artista. Los tipos duros no bailan Para escribir otro final son los últimos cortes antes de que Ariel cambie de bando y se siente al Roland. “Éste es un momento duro del show, es como estar detrás de un mostrador”, comenta entre risas. Llega entonces la fantástica Dos de corazones:

Uno de los momentos más especiales tiene lugar con La mirada del adiós, uno de mis temas favoritos de Los Rodríguez; posteriormente Una casa con tres balcones termina convirtiéndose en una versión tranquila de Salta, de Tequila. “Nunca te acuestes con una mujer que tenga más problemas que vos”: antes de interpretar Pólvora mojada, el argentino hacía su peculiar homenaje a un clásico del rock, las groupies. “Están sobrevaloradas, pero gracias a esas locas divinas compuse un montón de canciones”.

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De nuevo a la guitarra -acústica, en esta ocasión- reconoce que le fascinó lo que encontró allá por el año ’76 cuando llega a España “de un país en el que sólo por sonreír por la calle ya eras considerado sospechoso”. Bar soledad, Muñeca rota, Eche veinte centavos en la ranura y una Mucho mejor en clave de tango suponen la recta final de la actuación del músico. Para el bis, dos grandes joyas: Cenizas en el aire, del homónimo trabajo publicado en el año 2000, y cómo no, la famosa Milonga del marinero y el capitán, de Los Rodríguez, coreada y bailada por buena parte de los presentes.

Un Ariel tranquilo y relajado, alejado en esta ocasión de los grandes escenarios, y unas canciones reconstruidas, más suaves y menos bailables, nos dejaron con buen sabor de boca. No puede ser menos: estamos ante un experto en las artes del rock, y eso, en una clave o en otra, siempre se hace notar.

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Noches que dejé cruzadas (vienen persiguiéndome). Quique González en Almería (09/05/15)


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La vuelta a los orígenes siempre reconforta. A los teatros diminutos donde puede escucharse hasta el silencio, a las salas donde los amigos toman cerveza y cantan a sólo unos pocos metros. Creo que él siempre los ha echado de menos, como recuerdo de sus muchas noches en Galileo Galilei o en El Rincón del Arte Nuevo. Parece difícil retornar a la sala de estar cuando se han conquistado los grandes auditorios, pero ya decía Calamaro aquello de nos volveremos a ver, porque siempre hay un regreso; los escenarios modestos, con mesa camilla y chimenea como único atrezzo, han vuelto a disfrutar de la presencia de Quique González gracias a Carta Blanca, una gira tan desnuda que ni siquiera se cubre con un repertorio definido. A la mente inquieta y curiosa del madrileño se le ocurrió, después de soltar adrenalina con Delantera mítica y a la vera de Lapido en Soltad a los perros, volver a salir a la carretera a ofrecer un concierto distinto cada noche, en donde personas y canciones se convierten en los auténticos protagonistas, en los únicos protagonistas. Detrás de cada petición musical una historia, un retazo de vida ligado de forma definitiva a unos acordes, y una revisión exhaustiva a lo que el artista nos ha ofrecido a lo largo de nueve discos de estudio y casi veinte años de carrera.

Impaciente y expectante me hallaba yo a las 21:30h del pasado 9 de mayo, sentada ya en mi butaca del Teatro Apolo. No es para menos; estaba ante el regreso de mi músico de guardia, al que no veía sobre aquel escenario desde abril de 2011, y girando de la misma forma, desbandado -aunque en esa ocasión, con la ayuda de Jacob Reguilón al contrabajo-. Diez minutos después, los acordes de su última grabación, Clase media, encienden el pequeño teatro almeriense. Sobre las tablas, nada más que un precioso piano, varias guitarras y un par de armónicas; la escasa iluminación genera un aire íntimo y acogedor y la voz del cantante suena profunda y reconfortante. “Buenas noches, amigos”, saluda el músico, porque para él el público deja de ser un grupo de desconocidos para convertirse en una masa cómplice, partícipe del encuentro. Tras explicar el funcionamiento de esta gira -a través de las redes sociales se planta un buzón para que cada cual escoja libremente su canción fetiche-, asegura que ha llegado a un hipotético setlist con 47 canciones, aunque difícilmente podrá tocarlas todas. Un valiente grita entonces “¡Temblar!”, a lo que Quique le responde.”¿Te refieres a Las chicas son magníficas?”, y los versos de esta delicia presente en su último trabajo, Delantera mítica, resuenan en nuestros oídos.

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La actuación continúa con una de las viejas, Día de feria, tras lo que una chica se lanza a por Romeo y Julieta, una de sus primeras grabaciones, e incluida en el álbum colectivo Cantautores. “Ésa te la cambio por otras dos, porque me parece una de las peores canciones que ha compuesto. Entraría en mi top 3 de malas composiciones”, le contesta, lo que provoca las sonrisas entre el público. Avión en tierra precede a que el músico abandone la guitarra y tengamos el placer de encontrarnos al piano con Pequeño rock and rolluna de las más solicitadas -incluso después de haberla tocado, lo nunca visto-, Reloj de plata y Rompeolas, joya presente en uno de sus trabajos más laureados, Salitre 48.

Ya de vuelta a la posición central en el escenario, y guitarra en mano, tiene lugar uno de los momentos más emotivos con Aunque tú no lo sepas: el recuerdo de Enrique Urquijo revolotea siempre por nuestras cabezas y corazones. Quique disfruta de cada estrofa, se le ve centrado pero receptivo a la vez, como no podría ser de otra manera en un concierto con repertorio abierto. Las propuestas continúan y tras Crece la hierba y Pájaros mojados, regresamos al sonido de las teclas blancas y negras con un clásico también muy solicitado: la preciosa Calles de Madrid, que no había sido aún interpretada a lo largo de la gira. Grata sorpresa: aparece la historia del boxeador, Kid Chocolate, y dos temas que me apasionan, Avenidas de tu corazón y Días que se escapan de las manos -éste último, si no me equivoco, nunca antes lo había escuchado en directo-. Antes de regresar a las seis cuerdas, Quique destaca su gusto por el teatro en cuestión, como ya hizo en citas anteriores.

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Y los conserjes de noche es una canción especial para todos, una de las que, en otros marcos, hemos cantado a voz en grito. Después de infinidad de peticiones llega una de sus obras maestras, Salitre, seguida por La ciudad del viento y La luna debajo del brazo -¿cómo un tema relativamente sencillo puede resultar tan espectacular? Sin duda, figura en la lista de mis canciones favoritas-. Cuando éramos reyes, ésa que a él le gusta tanto tocar -ejem- cambia de letra y da vida al Cabo de Gata, paraje bien conocido por Quique y donde anuncia que pasará unos días avanzando en sus nuevos temas -¡y qué gusto da pensar que una canción suya se fragüe en el Cabo!-.

Dallas-Memphis supone la despedida a una noche vibrante, en la que el músico se ha mostrado cómodo y seguro con su repertorio. Pero por supuesto, las trescientas personas que llenaban el Apolo no le iban a dejar marcharse tan “pronto”. De vuelta, y sentado al piano, mis dos peticiones a través de Facebook fluyen una tras otra. Muchos sentimientos puestos en Nos invaden los rusos cómo voy a olvidar todo lo que hiciste por mí, ¿cómo voy a olvidar todo tan deprisa?– y, cómo no, en Nadie podrá con nosotros:

Bajo la lluvia y Ayer quemé mi casa se anticipan a un segundo bis, en el que Parece mentira nos trae a Delantera mítica, que en esta gira cuenta con un menor peso. Cerca del final, Su día libre nos emociona a todos dedicándola a sus padres, “que ya no están conmigo”. Como colofón, la que no podía faltar: Vidas cruzadas es cantada por todo un auditorio, con un Quique al borde del escenario, desenchufado, feliz y satisfecho.

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Yo no tenía dudas, pero ahora estoy en posición de afirmarlo: Carta Blanca ha sido todo un acierto. Hemos vuelto al González más auténtico, ¿pero acaso ha dejado de serlo alguna vez? Repertorio clásico, como el de la presente noche, o más actualizado, como en Delantera. Con banda o sin ella, en salas o en estadios. La honestidad y las ganas de hacer música fluyen por sus venas y son independientes del tiempo y el lugar. Y para recordárnoslo, lo ha tenido fácil: Quique González siempre ha gozado de carta blanca.

(No fuimos los únicos ojos: si queréis leer la crónica de mis amigos de El Erizo Albino, pinchad aquí).

Lichis llega a Almería en ‘Modo avión’ (6/2/15)


En octubre de 2014, Lichis estrenaba andadura con un trabajo que lleva por nombre Modo avión; quizás no entre a la primera escucha, pero cuando lo hace, es, irremediablemente, para quedarse. Para mi enorme alegría, la gira pasó hace unos días por Almería y ayer, martes 10 de febrero, le di un repaso al concierto en mi artículo de La Voz de Almería. Os dejo además, como es costumbre, algunas fotos y vídeos. Espero y deseo que se perciba que lo pasamos en grande.

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“La reinvención de Lichis”

Renovarse o morir. Eso debió pensar el artista que el pasado viernes pisaba nuestra ciudad dieciocho años después de su última visita. Allá por los noventa no andaba solo; La Cabra Mecánica, una banda caracterizada por su eclecticismo -su sonido podría definirse como una amalgama de pop, rock y rumba- constituía un proyecto musical que le acompañaría hasta 2008, momento en que decidió poner fin a su aventura caprina para surcar nuevos mares.

Tras seis años de silencio, Miguel Ángel Hernando, alias Lichis, vuelve a la carga con su primer disco en solitario. Lejos quedan ya el aire gamberro y los sonidos del grupo que le dio a conocer: ‘Modo avión’, compuesto por diez temas, bebe del rock más clásico, con retazos de blues y country americano, y sus letras intimistas nos permiten conocer en mayor profundidad al músico barcelonés. Veinte ciudades serán testigo de su extensa gira de presentación; la del 6 de febrero, en la Sala Madchester, era la tercera de ellas, y las expectativas de los que ya habíamos caído en las redes del renovado Lichis estaban bien altas.

Sobre el escenario, tres guitarras: acompañando a la voz cantante, veríamos a Fernando Polaino -guitarra acústica- y Álex Olmedo -guitarra eléctrica-. “Somos pocos pero con ganas”, exclamó uno de los asistentes, a lo que la respuesta de Lichis fue tajante: “para qué más, está lo mejor de cada familia”. Tras desfilar sobre las tablas cuatro de las canciones de su álbum debut, -entre ellas ‘Tinkywinky’ y ‘Horas de vuelo’, primer single-, el artista nos sorprende con una fantástica versión de ‘Pecados más dulces que un zapato de raso’, de Gabinete Caligari, refiriéndose a Jaime Urrutia como “el artista que dio sentido al rock español”. A esta le sigue ‘Carne de canción’, del disco de despedida de La Cabra, y otras del susodicho grupo como ‘Gracias por nada’ y la conocidísima ‘Felicidad’. El banjo de Polaino brilla en ‘Tics raros’ y en este punto Chivo Chivato, banda también surgida de la antigua formación de Lichis, tiene su hueco en la noche con el tremendo rocanrol de ‘Pobrecito corazón’. No hay duda: Miguel está suelto, se siente cómodo con sus nuevas canciones.

El bis se convierte también en homenaje con dos clásicos de La Cabra, ‘Antihéroes’ y ‘Valientes’. No creíamos que la fantástica noche diera más de sí, pero tras los insistentes gritos que clamaban por la última, y ya sin banda, Miguel apareció con la dulce ‘Como Penélope en la estación del AVE’ dando, ahora sí, el concierto por finiquitado. Renovarse o morir, eso es. Y Lichis está muy, pero que muy vivo.

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Carta Blanca: la nueva gira acústica de Quique González


Cuando algunos sufríamos aún la resaca de Delantera Mítica y más aún de la reciente gira con el Maestro Lapido Soltad a los perros, llegó la bomba: hace un par de días Quique González nos sorprendió a todos con Carta Blanca, un nuevo tour al estilo de sus inicios, en salas pequeñas, con aforos reducidos y sin más acompañamiento que una guitarra acústica y una armónica. Mi cara era de total estupefacción al conocer la noticia, ¿quién iba a esperar que el madrileño volviera tan pronto a la carretera? Muchos podríamos imaginarlo ya sumergido en interminables sesiones de grabación entre las cuatro paredes de un estudio, rodeado de amigos, pero no colgándose de nuevo la guitarra y embarcándose en una aventura musical de este tipo. Pero Quique es así, y los que llevamos tiempo siguiéndole lo sabemos bien. Magnífica sorpresa que no nos va a dar más que alegrías, como ya lo hizo en su momento Desbandados. ¿Lo mejor? El repertorio abierto. Cada noche, un concierto diferente, en el que el público será clave y donde podremos recuperar antiguas joyas desterradas de los setlists convencionales.

Éste es el comunicado con el que Quique da a conocer la noticia:

“El último verano, en medio de los conciertos de la gira “Delantera Mítica” realicé un acústico, sin banda, dentro de la programación “Live The Roof” en Málaga.

Siempre me ha estresado un poco cerrar repertorios – labor obligada cuando tocas con otros cuatro tipos-, así que aproveché la coyuntura y la cercanía que ofrecen los aforos reducidos para dejarme llevar y tocar las canciones que iba pidiendo la gente del público en el momento. Por supuesto, tocaba algunas por capricho, versiones, y puede que estrenara una nueva también aquella noche. Cuando llevaba casi tres horas tocando, el promotor me pidió que terminase ante la posibilidad de que viniese la policía.

Disfruté con altura. Fue mágico descubrirme haciendo lo mismo que hacía cuando empezaba a tocar en clubs de Madrid hace 20 años, pero después de haber grabado nueve discos que nunca he conseguido ver juntos en mi estantería. Supongo que a la mañana siguiente empecé a pensar en la idea de hacer una pequeña gira con esas características. Repertorio abierto, distinto cada noche, sólo con la acústica y harmónica, lugares especiales, aforos reducidos, gente sentada.

He disfrutado muchísimo con mi banda actual y con la banda de “Soltad a los Perros”, junto a Lapido, estos dos últimos años, y antes de volver a grabar el siguiente disco me apetece lanzarme a esta aventura en solitario y sentir que viajo más ligero de equipaje por una temporada. Será durante la próxima primavera y la gira se llamará “Carta Blanca”.”

Las primeras fechas ya están confirmadas: será en San Sebastián (14 de marzo), Barcelona (20 de marzo) y Madrid (29 de mayo). Próximamente se anunciarán más encuentros, y esperemos que alguno de ellos me sea accesible. Y si no, como siempre, habrá que ir a buscarlo, porque una gira así no se puede dejar escapar. Tendremos carta blanca 😉

Estreno del nuevo vídeo de Second: ‘La distancia no es velocidad por tiempo’


A las 12 de la mañana, la banda Second decidía hacernos un regalo: ‘La distancia no es velocidad por tiempo‘, de su último trabajo, Montaña rusa, grabada en acústico… y al borde de un precipicio. Lo he tenido que ver agarrada a la mesa, puesto que sobra decir que no es recomendable para personas con vértigo -entre las que tristemente me encuentro-, pero el resultado es de una belleza abrumadora, tanto en lo musical, como por supuesto, en lo visual.

Lo mejor es que lo comprobéis por vuestra cuenta. Afortunadamente, Sean y Jorge siguen vivitos y coleando, sin un solo rasguño. Ay, estos chicos y sus grabaciones de riesgo… 😉